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domingo, 23 de diciembre de 2007

Yo, robot - parte II

“Estropee algunos integrados al amargarme por comprender las cosas que había perdido en pos de esta insensata aventura de convertirme en un ingenio electro-mecánico, pero hacía lo correcto luchando por los humanos. Los “simbiontes”, como les decíamos a los invasores, tenían algunas debilidades y dentro de esta forma robótica, estaba capacitado para hacerles frente y derrotarlos. Esto sucedió en un par de meses. Todos recuerdan como fui destruyendo de a poco sus fuentes de alimentación, atacándolos por sorpresa en donde fuera, recuperando la atmósfera del co2 que respiraban, hasta llegar a la Batalla de la Llanura cuando enfrenté varias grandes unidades “Plot” sin retroceder y dejándolas destruidas. Pero ahora que había paz, solo quería volver a mi apariencia humana y poder saborear nuevamente un alimento, beber un refresco o amar una bella dama, algo que recordaba como muy grato. La lucha había estado bien, todos reconocían eso y hasta me propusieron como monarca, lo que negué rotundamente. Pero ahora estaba harto de parecer un fenómeno y solo necesitaba volver a ser humano. Pasaba largas horas escuchando la música de antes, cuando podía emocionarme y hasta ejecutarla con sentimientos, mucho menos perfecta pero nada mecánica. En fin, estaba comprendiendo que jamás regresaría”

Eduardo Leira dijo en 200 palabras el 09/12/07

lunes, 10 de diciembre de 2007

Yo, robot (parte I)

“Miré mi cuerpo y era metálico, pesado y extremadamente duro...diríase de titanio. Con asombro porque no me dolía mover las metálicas piernas, ni me molestaban los pesados brazos tras dirigirme a la puerta, la abrí. Miré a mí alrededor y pude apreciar no solamente la gran estructura de la que acababa de salir, sino algunas hectáreas del parque. Podía ver a través de algunas personas, casas y árboles. Alguien que pasaba junto a mi, dejó caer su bolso y al entregárselo, lo tomó con naturalidad sin agradecerme y musitó “maldito ingenio mecánico”, así que lo di por confirmado… me había convertido en robot. Al comienzo mis reacciones resultaron de un inmediato inventario: que si podía correr, a que velocidad, romper con el puño las mesas de hormigón en el parque, también los bancos de hierro… pero hacerlo todo sin sentir dolor ni cansancio derivó rápidamente en las consideraciones sobre lo que había dejado de ser. Y créanme que no fue agradable comprobar que ya no sentiría el viento en mi rostro, no podría acariciar a los seres amados, no podría jamás disfrutar de las cenas a la luz de la luna o de los opíparos almuerzos con mi tía Julieta…”

*Los nombres y demás elementos del relato, son imaginarios

Eduardo Leira dijo en 200 palabras el 09/12/07