martes, 29 de setiembre de 2009

El dueño del tiempo

Mi reloj posee una especie de valla, no muy impresionante, que rodea los elementos integrantes del escenario en que miro pasar el tiempo. Esta circunferencia ocupa el borde, como una extrema frontera y continente a la vez, de todo lo que sucede. Allí, las Horas dialogan amablemente con los Números, mientras los Minutos y Segundos enarbolan sus largas lanzas para batirse en un duelo interminable, que transcurre eternamente en aquella superficie reflexiva, sin que puedan derrotarse jamás. Apenas atrás, atrapada entre engranajes y otros componentes, en actividad constante, trabaja complacida el alma de un joyero suizo, demasiado precisa para ocuparse de otra cosa que otorgar la medida exacta al tiempo que transcurre. Y si alguien lo duda, puede acercar su oído y podrá escuchar latir el corazón que lo hace funcionar, rítmicamente, tan delicado y estricto que necesita una cuna de rubíes para descansar su ingenio. Claro que hay nuevos aparatos, complejas máquinas mucho más costosas que este mío, por supuesto. Pero no he querido cambiarlo, como no se cambia a un amigo que nos acompaña durante años. A veces desearía detenerlo y en otras, que corriera con gran prisa... sin embargo mi ansiedad siempre cede, ante su descomunal poder.

eduleira dijo en 200 palabras el 29/9/09

1 comentario:

Georgina Elena Palmeyro dijo...

Eduardo, amigo:
Me encantó este artículo El Dueño del Tiempo.
Gracias por compartir este hijo tuyo con nosotros.
UN BESO
Georgina