sábado, 23 de febrero de 2008

Ferrocarril

El tren parecía imponente ante mis ojos de niño, de casi cuatro años, en aquella estación próxima a la Central Gral. José G. Artigas adonde habíamos abordado. Casi era verano y el día estaba lleno de sol, muy claro. Entonces era natural buscar refugio bajo un árbol, pero todos estaban recién podados y prácticamente sin hojas. El sitio se veía seco, polvoriento cuando mi padre me acercó a la vereda. El público hormigueaba por el lugar, porque un tren había llegado y otro en dirección contraria estaba por arribar. Allí, en cajones de mercado y sobre alfombras dispuestas para ese fin, se podían encontrar desde pollos hasta serpientes de gran tamaño, de las cuales quedé asombrado ya que esta era mi primer aproximación a ellas. Parece que esta era una exhibición habitual en domingos y días festivos y mi padre había querido enseñarme toda esa bullanguera algarabía de los artesanos y comerciantes que reclamaban con gritos, música y cualquier sonido que atrajera a los clientes. Al poco rato arribó el tren que regresaba a Montevideo y nos subimos en aquel fascinante vehículo, cuyos detalles, aunque diluídos por los años, no olvidaré jamás. Pocas semañas mas tarde escribía mi primer palabra.

Eduleira dijo en 200 palabras el 14/01/2008 14:25

1 comentario:

Anónimo dijo...

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